1. La serie
Hace un poco menos de un año empezamos a redactar el texto que se volvería el ensayo Un futuro para México. Lo hicimos sin mayores ilusiones sobre el efecto que el escrito de un par de intelectuales pudiera tener sobre el abigarrado, con frecuencia sordo, escenario político y comentocrático mexicano. Nuestro propósito era a la vez sencillo y ambicioso: contribuir a que la sucesión presidencial de 2012 tuviera el mayor contenido programático posible, no sólo una lucha de personalidades y partidos, sino también de proyectos de país.
Retomamos ideas que habíamos puesto en artículos, ensayos, libros, y las que surgían de largas conversaciones domingueras, para comprobar que no sólo se parecían mucho, sino que se complementaban entre sí. Armamos un esquema, vaciamos en él las principales ideas y textos previos en nuestro poder, suprimimos las que no cabían o nos parecían de menor importancia, y escribimos y reescribimos lo que faltaba en busca de un tono adecuado, que no dejara duda sobre nuestra posición en puntos polémicos ni del carácter polémico de muchas de nuestras posiciones. El resultado fue Un futuro para México, el ensayo que se publicó originalmente en el número de noviembre (2009) de nexos, y se convirtió después en un breve libro del mismo título publicado bajo el sello de Santillana.
Desde la aparición del ensayo en nexos, partiendo del objetivo que nos trazamos, decidimos entrar en campaña. No una campaña electoral ni de ventas, sino de difusión de ideas, con el abierto propósito de asociar a los distintos estamentos de la desorganizada sociedad civil mexicana con las tesis del ensayo y sembrar en el debate público dos ideas simples: la elección de 2012 debe tener una agenda y esa agenda tiene que partir de una idea de futuro del país. El ensayo y luego el libro fueron un perfecto pretexto para recorrer el país, discutir con la gente, interpelar a los precandidatos y sus partidos, y proponer a través de los medios que lo permitieran, un debate programático.
Organizamos cuatro foros de presentación amplios: uno, conducido por Denise Maerker en el Club de Industriales; otros dos, moderados por Diego Petersen, en la UNAM (San Ildefonso) con los senadores Manlio Fabio Beltrones, Santiago Creel y Carlos Navarrete, y en el ITAM, con el gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, la gobernadora de Zacatecas, Amalia García, y el secretario de Trabajo, Javier Lozano. Un cuarto foro tuvo lugar en la Universidad de Columbia, en Nueva York, con Santiago Levy y Jesús Reyes Heroles. Sostuvimos un sinnúmero de entrevistas de radio y televisión en el Distrito Federal y, sobre todo, visitamos una quincena de ciudades del interior de la República, periplo que ha resultado un verdadero gozo intelectual, político y personal.
Viajamos, sucesivamente, a Monterrey, Saltillo, Oaxaca, Guadalajara, Xalapa, Veracruz, Puebla, Mérida, Cancún, Villahermosa, Morelia, Chihuahua, Ciudad Juárez, Cuernavaca y Durango. En cada localidad buscamos presentar el libro y debatir su contenido en una universidad pública y una privada (casi siempre el Tec de Monterrey, gracias al apoyo de Rafael Rangel), con los empresarios y profesionistas organizados (casi siempre a través de la Coparmex, por el gran apoyo de Gerardo Gutiérrez), con la clase política (gobernadores, presidentes municipales, legisladores locales) y con los medios de comunicación de cada comunidad. De todos estos encuentros aprendimos muchas cosas, que a continuación enumeramos.
En primer término, comprobamos que lo que indebidamente se llama “la provincia mexicana” constituye un espacio de inmensa vitalidad, pujanza, modernidad y democracia, a pesar de incontables cacicazgos estatales que perduran, por los menos hasta el 4 de julio pasado. Cada región de México tiene su propia, intensa y dinámica forma de inserción en la globalización, lo cual hace al país en su conjunto más plural y menos vulnerable a las crisis externas, pues lo que afecta a una región no afecta a otras. Es claro y palpable que las universidades de los estados, públicas y privadas, han recibido grandes sumas en la mayoría de los casos bien gastadas, y se vinculan cada vez más a las necesidades de una economía local conducida por grandes, medianos y pequeños empresarios de notable empuje. La clase política de las regiones de México, sin ser lo que necesitamos y deseamos, se revela como un segmento social acostumbrado cada vez más a la competencia, al mundo, y a la democracia: algo que no necesariamente sucede en el centro del país.
En segundo lugar, fue claro para nosotros a lo largo de los distintos foros y en las distintas ciudades que la idea de futuro no sólo atrae a la gente sino que es en muchos sentidos una necesidad pública. Hay hambre de futuro en la sociedad mexicana, no necesariamente del futuro delineado en nuestro ensayo, pero sí la urgencia de discutir qué futuro se quiere para el país, y cómo alcanzarlo. Es una sociedad que quiere oír de sus políticos para qué quieren el poder. No todas las propuestas de nuestro ensayo son bien recibidas. Particularmente polémicas son las de una mayor integración con América del Norte, la de una presidencia democrática fuerte, la de una inversión privada minoritaria en Pemex y CFE. También, entre las omisiones, el no habernos extendido en los temas de seguridad y educación, y apenas haber tocado los temas del desarrollo sustentable o derechos de propiedad.
Como siempre pensamos que las ideas que sometíamos a criba de la sociedad civil sólo podrían transformarse en políticas públicas si los políticos realmente existentes las hacían suyas, realizamos una primera serie de entrevistas televisivas con distintos políticos señalados por la opinión pública como aspirantes a la candidatura presidencial de sus partidos en la sucesión del año 2010. Gracias a la hospitalidad de TV Milenio y de Ciro Gómez Leyva, en las últimas semanas de mayo y las primeras de junio, pudimos presentarle a los televidentes la serie Un futuro para México, consistente en seis entrevistas con los senadores Manlio Fabio Beltrones, Santiago Creel y Carlos Navarrete, con el entonces secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.
Las entrevistas versaron sobre las propuestas específicas plasmadas en nuestro pequeño libro. Las hicimos sin confrontar a nuestros invitados ni debatir con ellos, pues nuestro propósito era inducirlos a definirse ante cuestiones centrales del presente y del futuro del país. A continuación ofrecemos las posiciones asumidas por estos seis personajes durante esos programas. Las presentamos en forma de una mesa redonda para hacerlas comparables. Empezamos por los temas urgentes de la seguridad y la guerra contra las drogas, seguimos con los temas del crecimiento económico y el lugar que México debe ocupar en el mundo; terminamos con las reflexiones sobre las posibilidades de una nueva política de seguridad social y las reforma política que el país necesita.
2. El México de los presidenciables
Manlio Fabio Beltrones • Santiago Creel • Marcelo Ebrard • Fernando Gómez Mont* • Carlos Navarrete • Enrique Peña Nieto
La seguridad y el Estado
¿Qué debemos hacer para resolver el tema de la inseguridad que nos agobia? ¿Debe mantenerse la guerra contra el narcotráfico?
Manlio Fabio Beltrones: Felipe Calderón tomó una decisión correcta: ir hasta sus últimas consecuencias en el combate a la delincuencia organizada y al narcotráfico. Es una decisión que hay que apoyar y continuar. Yo solamente digo que hay que replantear la estrategia. No es confrontando la capacidad de fuego entre el Estado y la delincuencia como vamos a resolver el problema: lo único que vamos a generar es más violencia. Debemos actuar con más inteligencia, inteligencia policiaca para dar golpes precisos, detener a los capos, secarlos en donde más les afecta: el dinero. El ejército debe de mantenerse apoyando a las autoridades civiles, que han sido incapaces de dar resultados; pero sólo hasta que nosotros creemos policías eficientes, capaces, bien educadas que los sustituyan. Uno de los principales problemas es que no existe posibilidad de coordinación entre tantas policías, como las que hoy existen en México. Son tantas las policías y tantas las formas de ver las cosas que no permiten intercambiar información, ni tampoco evaluar si están haciéndolo de manera correcta. Creo que debe haber una policía nacional y 32 policías estatales con un código común de comportamiento. Creo que salen sobrando las corporaciones municipales, más de dos mil, que no tienen posibilidad de intercambiar información o apoyo con las policías estatales y menos con las federales. Estoy más que convencido de que ése es un paso previo a cualquier policía nacional única.
Fernando Gómez Mont: Yo haría una diferencia de aproximación. No es una guerra contra el narcotráfico, no es nada más un tema de tráfico de drogas. Es el combate a organizaciones criminales que tienen la capacidad de implementar amenazas reales a las fuerzas del Estado y que están impidiendo a las instituciones procurar seguridad, protección y tutela a las personas. Es una batalla por la reconstrucción de las instituciones en materia de seguridad pública. Si entendemos que ése es el gran dilema de la transición democrática mexicana —consolidar un esquema de seguridad democrática que pase por fortalecer y someter a las leyes a las instituciones de fuerza que el Estado puede implementar para proteger a la gente—, entenderemos que el principio de autoridad tiene que ser rescatado como un elemento central del poder y desarrollado democráticamente para darle la mayor posibilidad de cumplimiento del deber a ese poder. Si no, vamos a seguir teniendo una democracia trunca, inepta, incapaz de generar los procesos sociales y económicos que procuren desarrollo y tranquilidad. En mi opinión el debate ahora está entre dos modelos, o hacemos una policía nacional o una confederación de policías estatales, con algún grado de coordinación importante. Yo creo que cualquier paso hacia una policía nacional debería pasar por este sistema de policías estatales. Necesitamos montar a los gobiernos estatales en la tarea. Los gobernadores tienen que asumir su responsabilidad como parte de la federación y para eso les necesitamos dar los instrumentos para que puedan cumplir con esa responsabilidad.
Carlos Navarrete: Desde mi punto de vista, requerimos un giro en la estrategia del combate al narcotráfico. No podemos andar jugando a policías y ladrones, a balaceras por todos lados, y colocando al ejército como el primero en la trinchera, con actos de impacto, porque eso no arregla nada; ni arregla el mercado, ni arregla las ganancias, ni arregla el tráfico, ni arregla nada. Solamente deja regueros de muertos, más de 20 mil muertos, muchos de ellos criminales, por cierto, para que nadie ande velando muertos ajenos, pero son muertos en el territorio mexicano. Yo diría que es indispensable modificar la estrategia. No sé si el presidente Calderón lo vaya a hacer, porque me da la impresión que ya va en un tobogán y parece difícil que se detenga, pero después de 2012 habría que hacerlo. Yo tengo mucha simpatía por la idea de una policía nacional. Todos coincidimos en que la policía más débil de los tres órdenes de gobierno es la municipal: la más numerosa, la que más recursos tiene y la más capturable. Yo diría que antes de avanzar hacia la policía nacional, tomando como base el proyecto de Conago, es preciso subsumir las policías municipales en un solo cuerpo estatal, y a partir de ahí capacitar, dotar de elementos suficientes, de armamento de equipo, de vehículos, e ir hacia los municipios a enfrentar el reto de la inseguridad.
La izquierda mexicana tiene una historia de desencuentros con las Fuerzas Armadas, pero debe reconstruir su relación, valorar lo que son las Fuerzas Armadas en México. Después, en cuanto tengamos policías suficientes, hay que sacar al ejército y mantenerlo como una reserva de último momento, no para que nunca más vuelva a intervenir, sino para que intervenga sólo de manera excepcional y no de manera permanente como ahora.
Enrique Peña Nieto: Creo que estamos enfrentando fenómenos delincuenciales nuevos: la presencia de los grupos vinculados al narcotráfico, la forma en que ahora se están comportando, la disputa de mercados y territorios, y este enfrentamiento que observamos entre todos ellos, en donde lo único que tenemos por saldo son muertos. Eso te obliga a hacer un replanteamiento integral de la actuación del Estado: tener una política de seguridad nacional totalmente redefinida, que nos lleve a reorganizar las instituciones de seguridad pública. Más que por la creación de una policía nacional, deberíamos transitar por un punto intermedio: generar mayor cohesión, mayor fuerza, mayor capacidad en las policías estatales. El haber llevado al ejército en una primera instancia fue válido, creo que necesario, pero no puede tener una presencia permanente en las calles porque no está diseñado para eso. El ejército no es la policía. Dejémosle que sea un asesor de ese espacio, pero vamos a sustituirlo con otras instancias para evitar su desgaste.
Marcelo Ebrard: La denominación de “guerra” es una mala idea porque la guerra es una suspensión del Estado de derecho. Lo de meter al ejército, también: ni siquiera tiene las potestades necesarias para ser eficaz. Hay que mantener la lucha contra el narcotráfico, pero hay que ir por policías estatales fuertes, como la que tiene el DF. Hay otra cuestión que no debe quedar de lado: en el país la mitad de una generación está fuera de la escuela bajo el espejismo de que las actividades ilícitas la van a llevar a la riqueza. Y eso está creciendo exponencialmente. Es un asunto que hay que atender de inmediato.
La idea de crear una policía nacional es otra mala idea. Va a llevar mucho tiempo, muchos recursos y va a crear muchas dificultades, como ha ocurrido con la Policía Federal que está en la indefinición desde su origen. Hace falta, por supuesto, una Policía Federal, pero tener una sola policía para controlar todo el territorio con un solo mando, dependiente del Ejecutivo federal, yo lo veo tardado, complejo y quién sabe qué tan eficaz. Veo más lógico que tengas una policía en cada estado, en razón de las complejidades del territorio, de las dimensiones del territorio. Si tienes una emergencia o una confrontación con el crimen organizado, independientemente de que necesitaras apoyo del ejército, o de otras corporaciones, tienes capacidad de respuesta, te puedes hacer cargo del grueso del problema. Por otro lado, la mayor parte de los delitos, de acuerdo a la clasificación que tiene el Código Penal, son del orden común. Es una división que se puede discutir, pero así está hoy, entonces incluso tiene lógica sistémica.
Santiago Creel: La lucha debe seguir, pero incluyendo dos nuevos enfoques. El primero tiene que ver con combatir no solamente en la calle a los capos, no solamente obstruyendo sus rutas de distribución, sino combatiendo la economía del crimen: el lavado de dinero, un negocio de entre 25 y 35 mil millones de dólares que no se pueden esconder debajo de un colchón y tienen que estar en el sistema de negocios en el país. Hay que atacar al corazón de ese negocio. Este enfoque nos daría un avance importante. El otro es hacer una política de salud pública que despenalice el consumo de algunas drogas y establezca criterios relacionados con políticas de prevención y políticas de rehabilitación. Desde el punto de vista federal, yo propondría un mando único. En un barco solamente manda el capitán, y por eso he propuesto una Secretaría del Interior que pueda concentrar todas las facultades concernientes a la seguridad pública del país, incluyendo el combate al crimen organizado, en una agencia especializada —una especie de DEA mexicana—, que permita ir haciendo el tránsito para que las labores que hoy realiza el ejército las haga una corporación de carácter civil. Estoy de acuerdo con una policía nacional, pero eso cubre otra cuestión que tiene que ver con la coordinación de la seguridad pública en el país. Estamos ante una Torre de Babel, con policías municipales, estatales y federales actuando sin ton ni son. Eso no funciona y para eso se requiere una policía nacional. Pero para combatir al crimen organizado se requiere una policía especial y especializada que esté bajo un mando civil.

Estados Unidos y la legalización de la marihuana
Hay una tendencia en Estados Unidos que probablemente se va a hacer realidad en California: legalizar la marihuana. Si esto sucediera, ¿cuál sería la posición adecuada de México, promover también la legalización de la marihuana en nuestro país?
Manlio Fabio Beltrones: Si este tema surte efecto en California y se legaliza el consumo de la marihuana, cundirá en la Unión Americana. Me parecería completamente absurdo que si el principal consumidor de ese producto lo legaliza, en México no se hiciese. Permanecer nosotros en la ilegalidad sería lo más absurdo que hubiese escuchado.
Fernando Gómez Mont: ¿El problema que tenemos en materia de seguridad tiene que ver con la legalización de la marihuana? Yo creo que es muy relativo. La prohibición lo único que ha generado es un mayor margen de exportación. Reducir el margen de exportación para el mercado de marihuana lo único que va a generar es una mayor presión en otras zonas de la actividad criminal. Las organizaciones criminales no van a dejar de hacer lo que están haciendo porque se legalice la marihuana. Al contrario, es muy posible que traten de concentrarse en otras actividades que todavía sean capaces de sostener ese margen. Además, en buen español, la mayor parte de la oferta consumida en California es producida allá, el 80 por ciento de la producción de marihuana en California se consume ahí mismo, en California.
Carlos Navarrete: Legalizar porque un estado de la Unión Americana lo hace, me parecería un error. Si es un acuerdo con el gobierno del presidente Obama, en donde Estados Unidos camina hacia la legalización, entonces deberíamos seguir por el mismo camino. No tendría sentido seguir con la prohibición.
Enrique Peña Nieto: Pienso que legalizar la marihuana sería el primer paso para llegar a aceptar otro tipo de drogas. Legalizar es la salida fácil. Pero coincido en el hecho de que si en Estados Unidos se da ese paso, habría que replantear la visión del Estado mexicano sobre el tema. En todo caso, mientras observamos qué ocurre en Estados Unidos hay que iniciar una política integral, que no solamente sea represiva y persecutoria, sino que sea preventiva e inhiba el consumo, e involucre también a las instituciones de salud pública.
Marcelo Ebrard: Me parece interesante el enfoque del presidente Obama: hemos invertido muchísimo, tenemos una guerra, están llenas las cárceles y el consumo sigue arriba. Entonces, vámonos sobre la reducción y el consumo, cuando menos en el caso de la marihuana. Yo creo que va a ser inevitable que eso ocurra en Estados Unidos, porque no hay argumentos para mantener las cosas como están: no se tienen resultados y la violencia en cambio sí está creciendo.
En México el Código Penal no sanciona el consumo, de hecho el consumo es legal o no sancionado. Entonces, si Estados Unidos va en esa línea, que me parece adecuada, inteligente, no podríamos mantener la línea confusa que hoy tenemos. El objetivo final no es a cuántos detengas, sino reducir el consumo, cómo evoluciona el consumo. Hay que revisar los fundamentos de nuestra estrategia.
Santiago Creel: Es una buena decisión ir a un mercado controlado que pueda tener el enfoque de salud pública. En el Senado ya dimos los primeros pasos, al reformar la Ley de Salud hemos despenalizado el consumo. A lo mejor esto no lo sabe la gente, pero ya en este momento no se penaliza en el país el consumo de drogas, hasta ciertas cantidades. Entonces, discutir sobre si debemos o no despenalizar me parece que es una discusión del pasado. Si Estados Unidos legaliza no podemos quedar marginados. Yo no me imagino que aquí estemos poniendo los muertos y allá la distribución sea libre.
No cabe duda que una despenalización de esta naturaleza va a tirar los precios y cayendo el precio vamos a atacar a la economía de la droga de una manera como no lo hemos hecho. Por supuesto, el crimen va a seguir, pero eso se podrá atacar de manera distinta y con menor presión.

Los obstáculos del crecimiento
¿Por qué no crecemos? ¿Cuál es el principal obstáculo económico que enfrenta el país?
Enrique Peña Nieto: Creo que la solución es de orden político, antes que económico. Cuando en la política no hay acuerdos, no hay consensos, hay regateo de posiciones y de definición de políticas públicas, entonces los actores económicos se llevan la gran tajada y buscan cómo sacar ventaja en una condición, me parece, humana y natural. ¿Qué hay que hacer? Hay que tener políticas públicas que alienten y estimulen la competencia.
Carlos Navarrete: No crecemos porque el gobierno ha equivocado el instrumento principal, que es el gasto público, y el sector privado en México ha sido timorato en cuanto a la inversión. Es una mezcla letal para el crecimiento económico: inversión deficiente del gobierno federal y una posición timorata de los empresarios mexicanos para invertir, desarrollar nuevas tecnologías y detonar el mercado. México tuvo en ciertos tiempos crecimientos mayores a los que ha tenido en los últimos 20 años, y si no hemos crecido lo suficiente en 20 años, algo estamos haciendo mal. Y, sin embargo, los diversos gobiernos, sean del PRI o del PAN, insisten en que la ruta siga siendo la misma.
Manlio Fabio Beltrones: El problema principal es la falta de competitividad. No sólo en el extranjero, también hacia adentro existe la necesidad de competencia entre los actores económicos, y un gobierno facilitador de inversiones que, mediante la creación de empleos, permitan resolver el problema de la desigualdad social. Si ha habido una política equivocada en los últimos años, es la de tener programas para mantener a los pobres, no para sacarlos de pobres. Esto debe redondearse con una verdadera reforma fiscal que busque bajar los impuestos y subir la recaudación. Esto sólo lo podremos hacer cuando acabemos con los privilegios de aquellos que no pagan, aquellos que no se han sumado a lo que pueda ser la estrategia de un verdadero crecimiento económico en el país.
Fernando Gómez Mont: El principal obstáculo son las barreras de entrada. Debemos bajar las barreras de entrada a todos los procesos económicos en donde podamos ser eficientes. En este país hay una gran concentración de oportunidades en manos de muy pocos. Lo primero sería bajar las barreras de entrada en el sector telecomunicaciones, en el sector exportador. Segundo, bajar las barreras de entrada para que se permita crecer al mercado interno, recuperar la confianza para que la gente vuelva a invertir, a gastar, a tratar de consumir. Hay que hacer crecer nuestra economía sobre la base de un mayor consumo interno.
Santiago Creel: En el país tenemos una enfermedad que se llama “monopolitis”, que tiene además un problema desde el punto de vista democrático, porque el concentrar tanto poder en pocas manos, en perjuicio de muchos, es algo antidemocrático por naturaleza. Tenemos problemas no solamente de competencia sino de competitividad, es decir, no solamente de apertura de mercados sino de funcionamiento de los mercados. ¿Cómo van a poder funcionar nuestros mercados cuando los tributos apenas llegan al 11 o 12 por ciento del Producto Interno Bruto y que sirven para muy poco? Tenemos un sistema muy injusto, con una serie de lagunas, en donde quienes más tienen no pagan más. Entonces tenemos que ir a una reforma fiscal y a una reforma laboral, contra este sistema rígido que afecta la competitividad y lanza a muchos empresarios a la informalidad.
Marcelo Ebrard: Tenemos una agenda bastante anticuada, seguimos discutiendo lo mismo que hace 20 años, los mismos temas. Habría que preguntarnos si ésos son los temas y si no se pueden resolver como lo habíamos pensado, entonces buscar de qué otra forma plantearlos. Segundo: tenemos una visión muy conservadora sobre el desarrollo del país. Tenemos una política de expansión de crédito muy reducida. ¿Cómo vamos a tener mercado? El ahorro en Afores y pensiones es de más de 50 mil millones de dólares. ¿En qué los estamos usando? En nada. ¿Por qué no los estamos usando para financiar la infraestructura que necesitamos? Se tiene la idea de que a las empresas mexicanas hay que ponerlas a competir con el exterior, lo cual es lógico, pero también hay que ver las condiciones que podemos crear desde las políticas públicas para que nuestras empresas sean conglomerados que puedan competir afuera, lo que hizo Corea. No lo estamos haciendo. Tampoco estamos atendiendo el desarrollo tecnológico, México no lo ha tomado en serio.

Qué hacer con los monopolios de Estado
Es evidente que una oportunidad de generación de riqueza enorme está en manos del Estado a través de la explotación del petróleo y la electricidad, a través de la explotación de la energía. ¿Debemos conservar estos monopolios o debemos transformarlos, permitiendo, por ejemplo, la inversión privada minoritaria en Pemex y la CFE?
Fernando Gómez Mont: Tenemos que transformar esos monopolios. La falta de competencia genera incompetencia; nuestra incapacidad para desdoblar las posibilidades del sector energético están fincadas en sistemas demasiado rígidos: no estamos pudiendo incorporar las mejores tecnologías, no estamos pudiendo explotar mucho más un recurso finito que posiblemente pierda todo sentido en el mediano plazo. Tenemos que ser capaces de incorporar las mejores tecnologías para poder brincar en este tablero. La soberanía de un país debe medirse en la posibilidad de dotar de calidad de vida a sus habitantes. La competencia en Pemex tiene que ver con la manera como opera la empresa, que es bastante opaca. Una solución es que haya una inversión privada minoritaria en Pemex, de manera que esos inversionistas, en defensa de sus intereses, vigilen la empresa y la saquen a bolsa en condiciones de transparencia efectiva, financiera y gerencial. Deben transparentarse todos aquellos procedimientos por los que Pemex simple y sencillamente no está pudiendo crecer. Poner un indicador en términos de rentabilidad en las empresas públicas es fundamental.
Manlio Fabio Beltrones: Yo lo plantearía de otro modo. Pemex ha sido una de las piedras angulares de un gobierno ineficiente. Lo importante es volverlo una industria eficiente y moderna. Nosotros ya dimos un gran paso en esa materia rompiendo tabúes, los tabúes de una empresa verdaderamente competitiva, con autonomía de gestión, con consejeros profesionales, con contratos incentivados que son muy distintos al régimen de contratos que teníamos anteriormente. Si ya nos atrevimos a modernizar Pemex, vayamos a fondo. No estoy en contra de la inversión privada en Pemex porque ya existe. Estoy en contra de la privatización, que es algo muy distinto. Agregaría al respecto: si algo necesita este país es certeza jurídica, que es uno de los ambientes que propician la inversión. Estoy más que convencido que Pemex va en esa ruta, de la participación de la iniciativa privada en una forma importante.
Carlos Navarrete: Yo no soy religioso y en términos ideológicos tampoco. Pero se puede tener un monopolio, por ejemplo Pemex en México, en manos de un sector público eficiente, como lo tiene Francia: un monopolio público de la energía. No creo que por ser público sea negativo. Por ser ineficiente sí, y Pemex en muchos sectores es ineficiente, ha sido saqueado porque ha sido utilizado y manejado equivocadamente. Comparto el diagnóstico de que la economía mexicana tiene un freno, los monopolios. Es verdad, son capitalistas muy extraños, porque el libre mercado y el libre comercio lo practican hacia afuera pero aquí quieren control total de precios, de todo lo necesario. Por eso no estoy seguro de que una apertura, así sea parcial a capital privado, dé niveles de transparencia, de eficiencia, de manejo. Sí tiene que lograrse eso, transparencia, eficiencia, garantía de que se hacen las cosas bien, pero me parece que puede hacerse siendo Pemex parte del sector público.
Enrique Peña Nieto: Pemex y la CFE son empresas del Estado, son empresas de los mexicanos y deben de seguirlo siendo. Pero debe haber una dirección y una gerencia en términos de eficiencia, de productividad que realmente genere beneficios a los ciudadanos. De nada serviría mantener la participación del Estado si estas dos empresas les llegaran a costar a los mexicanos. Hay que tomar las experiencias que se tienen en otras partes del mundo, en Venezuela, en Cuba, en donde se han generado alianzas empresariales que han vuelto a las empresas rentables. A Pemex le hemos chupado todo y poco le hemos dejado para que se modernice y tenga capacidad para explotar más nuestras reservas petroleras. Así que al final de cuentas tenemos que ir a la modernización, y no tenerle miedo a los mecanismos de alianzas empresariales que, con transparencia, nos den lo que buscamos: mayor productividad, mayores ingresos.
Santiago Creel: Estoy a favor de la transformación, con una condición: que quienes vayan a invertir como accionistas tengan límites. Lo que no queremos ver tampoco son accionistas dominantes, sino minoritarios, muy minoritarios. En el caso de Pemex yo parto de que los mantos del petróleo deben seguir siendo propiedad del Estado mexicano, pero una vez que se extrae el petróleo todo lo demás va al mercado. Es decir, no solamente la transparencia y la competitividad en Petróleos Mexicanos: requerimos un mercado abierto en la refinación, en la distribución. Cómo es posible que tengamos nada más una sola marca de gasolineras en el país. Eso ni en los países que fueron socialistas se sigue haciendo.
Marcelo Ebrard: Yo no cambiaría la naturaleza pública de Pemex, no creo que sea la solución. Ni siquiera es cierto que el problema sea la falta de inversión en Pemex. Hay un problema de gestión muy crítico, y también de falta de transparencia y control respecto a lo que hacemos con esos recursos. Pero no creo que la solución esté en cambiar la naturaleza pública de la empresa, sino en buscar otras vías de gestión y control. Yo no abriría eso a la inversión privada.
Frente a los monopolios privados
¿Qué hacer con las empresas privadas de dominancia monopólica y que afectan al consumidor con altos precios e inhiben la competencia y la competitividad?
Manlio Fabio Beltrones: Nos urge un órgano regulador tanto en competencia como en telecomunicaciones, un órgano verdaderamente del Estado y no del gobierno en turno. Los órganos reguladores que funcionan en el mundo son órganos del Estado. Para eso tienen nombramientos transexenales. Creo en una Comisión Federal de Competencia con muchos dientes, pero también en un eje fundamental: la certeza jurídica. Que todas las sanciones que se puedan dar, por más duras que sean, para corregir el mercado y, sobre todo, para generar competencia, tengan un arbitraje correcto en donde cada uno de los empresarios se sienta seguro de que está caminando en una ruta con garantías. ¿Cómo va a salir ganando la gente? Eso es lo que nos debemos de preguntar: ¿qué le beneficia a la gente, qué va a hacer que los productos sean más baratos, más accesibles, más competitivos?
Fernando Gómez Mont: Debemos tener un órgano de Estado que esté revisando la competencia por encima de los intereses a fin de que realmente puedan generar o consolidar prácticas que sean competitivas. ¿Cómo lograrlo? Pues no necesariamente exacerbando el principio de autonomía. Las comisiones reguladoras deben tener el grado suficiente de maniobra para poder ver por encima de la red de intereses que tienen que regular. Pero al mismo tiempo con la capacidad de discernir cuáles son las prácticas más cercanas a esa red de interés que pueden llevarse a cabo para romper las barreras de entrada. Tenemos que darle a la Comisión de Competencia la posibilidad de ir entendiendo por qué se dan estas prácticas monopólicas en México.
Carlos Navarrete: A la Cofeco tenemos que convertirla en el gran instrumento antimonopólico y con facultades plenas. Ya sé que muchos empresarios se espantan, me lo han dicho en el Senado. “Oiga, senador, es una exageración”, les he dicho: “No, no es una exageración”. Y les he puesto un punto de referencia para que no discutamos mucho; no digamos si es mucho o poco, vayamos a los estándares internacionales y sobre los estándares internacionales démosle facultades a la Cofeco, como en otros países del mundo donde hay competencia.
Marcelo Ebrard: Yo estaría de acuerdo siempre y cuando sea un órgano de Estado y no una representación de intereses. Es decir, aguas con eso, porque lo que hemos visto en los últimos años es que todos los intereses tienen representaciones en las áreas que toman las decisiones; entonces, tendríamos que garantizar que no esté copada por los intereses que finalmente tendría que regular.
Santiago Creel: Hay que hablar con mucha seriedad cuando hablamos de dominancias o monopolios privados. ¿Por qué? En primer lugar inhiben la inversión y la inversión significa empleos y una mejor redistribución del ingreso en el país. Monopolios significa que no va a haber investigación tecnológica. ¿Por qué? Porque si hay monopolio no van a requerir mejorar sus productos, y si hay monopolios también tenemos precios altos y generalmente productos de mala calidad. Debemos tener una autoridad que tenga la autonomía suficiente para sancionar cualquier conducta monopólica, sea que dos se ponen de acuerdo para defraudar en una licitación pública, sea porque quieren controlar un mercado, sea porque quieren dividirse un territorio. Todo eso debe estar sancionado, pero no sólo administrativa sino penalmente. La gente debe ir a la cárcel porque eso es robar.
Enrique Peña Nieto: Todo eso debe responder a criterios técnicos que nos lleven a alentar la competencia. Para que eso sea posible hay que crear una instancia, tribunales especializados que resuelvan las diferencias que se susciten por las resoluciones de la Comisión Federal de Competencia. Lo que debe cuidar esta comisión, y hay que darle los instrumentos legales para hacerlo, es al consumidor y alentar la competencia. ¿Hay que darle dientes? Sí. Hay que darle mayores elementos para que se logren políticas disuasivas de la creación de monopolios, que no se concentre en pocas manos, que no se generen estas entidades de gran control o predominantes, que a final de cuentas producen caro, a costos elevados.
Ante el poder sindical
Los sindicatos públicos son grandes pirámides de improductividad, en la educación, en la energía, en el petróleo, en la electricidad, en la salud y en la burocracia. Se han vuelto piezas que obstaculizan los cambios en el sector en donde están. ¿Qué hacer? ¿Cómo modernizar, cómo democratizar estas pirámides de interés?
Fernando Gómez Mont: En México hay caminos judiciales para romper este tipo de controles monopólicos mafiosos de los sindicatos sobre ciertas áreas de la vida económica nacional. Ya se habla de algunas cuestiones, por ejemplo, que ya no haya la retención automática de cuotas sindicales ni existan mecanismos que traten de captar o mantener un determinado número de agremiados en la vida sindical. Yo creo que es algo que se tiene que hacer, dándole conciencia a los propios trabajadores sobre el ejercicio del derecho sindical.
Manlio Fabio Beltrones: Hay una parte del escenario en el que los sindicatos pudieran ser obstáculo. Hay otra: el sindicalismo ha proveído de garantías a una parte de los obreros que habían sido durante mucho tiempo objeto de vejaciones y de poco respeto a sus derechos. Yo más bien quisiera hacer un alto en el camino. Si estamos haciendo política para buscar soluciones, primero hay que respetar los derechos de los trabajadores, porque es muy importante que no faltemos a ese principio. Y luego exigir transparencia a los sindicatos.
Si logramos esa combinación se puede llegar a un gran acuerdo sin rompimiento. Por ejemplo, en el ámbito educativo. Yo estoy seguro que Elba Esther Gordillo, la líder sindical del sector, es una mujer que piensa en el futuro y piensa en avanzada. Protege lo que son los derechos de sus trabajadores, hasta el punto en el cual no ha llegado a una negociación con el patrón, que es el gobierno. No dudo ni tantito que ella podría ser parte esencial del cambio.
Carlos Navarrete: Los sindicatos son el gran rezago de los gobiernos panistas. Desde que llegó Fox al gobierno pudieron haber iniciado el desmantelamiento del régimen corporativo mexicano, y todavía pueden hacerlo, pero tienen serios temores y no lo hacen. El gobierno no tiene obligación, ni legal ni contractual, de retener cuotas sindicales; bastaría con que el gobierno dijera: “Señores, ustedes tienen un sindicato: que sus agremiados paguen su cuota sindical en su sindicato. Yo no tengo por qué retenérselos y darles un cheque cada mes”.
Santiago Creel: Habría que romper punto por punto. ¿Cómo es posible ver líderes sindicales que llevan 20 años en el mismo sindicato sin haber rendido cuentas ni haber pasado por una elección democrática? Lo primero, voto libre y secreto. En ese mismo orden, transparencia sindical. Tercero, quitar los contratos únicos, las cláusulas de exclusividad y, por supuesto, los registros en donde la autoridad administrativa sanciona si va a tomar nota o no va a tomar nota. Hay que hacer realmente una reforma a fondo en la vida sindical del país. Y por eso cuando yo escucho a priistas decir que no se ha avanzado en estos 10 años hay que preguntarles por qué no han pasado o no han votado con nosotros este tipo de cambios y medidas.
Marcelo Ebrard: Hay que fijar condiciones de transparencia que, por cierto, están prosperando con muchos recursos legales respecto al uso de los recursos de los sindicatos. El tema del cobro de las aportaciones de una manera imperativa también habrá que revisarlo, creo que es importante, porque ahí dejas en la indefensión a los integrantes. El punto esencial es que el trabajador diga “yo quiero aportar” o “yo no quiero”.
Enrique Peña Nieto: Pareciera que los sindicatos fueran hoy la piedra en el zapato y que entonces hay que combatirlos. Creo que es con los sindicatos como debemos emprender las grandes transformaciones. No creo que los sindicatos vayan a poder sustraerse de este cambio de mentalidad, de prácticas que en el mundo se observan. Ocurrió en lo político: la apertura, la transparencia, la democratización. Eso inevitablemente estará ocurriendo y creo que en mayor o menor medida se ha venido dando en los sindicatos. Yo soy de los que cree que la política a seguir no es la de combatirlos como si fueran el problema, sino más bien generar la sinergia para poder lograr los objetivos que nos tracemos: crecimiento económico, mayor desarrollo, combate a la desigualdad. Hay actitudes que yo observo en varios de los líderes sindicales que, sin duda, van en sintonía con los cambios y transformaciones que nos están demandando los nuevos tiempos.

¿América del Norte o América Latina?
¿En dónde están las oportunidades de México y hacia dónde tiene que encaminar sus esfuerzos fundamentales? ¿Hacia América del Norte? ¿Hacia América Latina?
Carlos Navarrete: No tengo la menor duda. México tiene sus sentimientos, su amistad, con América Latina; su historia de muchísimos años. Pero su futuro económico, su posibilidad de despegar como nación, su crecimiento económico, su vinculación principal está en Norteamérica. Hay que tener muy claro que nuestro futuro está en el mercado más importante del mundo, que puede ser Estados Unidos con México y con Canadá, por supuesto.
Fernando Gómez Mont: Creo que buena parte del Bajío y del norte del país tienen su mejor apuesta ya. Norteamérica es la sinergia que se ve más clara en el corto y mediano plazos. Eso no quita que México no pueda ser un puente entre estas dos economías. Pero el hecho de que Estados Unidos sea una economía con un uso intensivo de capital y nosotros seamos una economía que pueda proveer mano de obra, indica que fomentar una mayor integración con esa economía abriría un espacio de oportunidad realmente muy rico en posibilidades.
Manlio Fabio Beltrones: No mirar hacia Norteamérica sería un error fatal. No mirar hacia Latinoamérica sería alejarnos de nuestra oportunidad histórica. Pero ni una ni otra. No podemos decir: ahora vamos a tomar la decisión de mirar hacia Latinoamérica o hacia Europa, cuando tenemos enseguida de nuestras fronteras el principal mercado del mundo y la potencia económica más importante. Yo haría mi mejor esfuerzo por mejorar las relaciones con los Estados Unidos, pero no descuidar las relaciones con Latinoamérica.
Enrique Peña Nieto: Habría que tener más que una preferencia. Nos es natural encontrar mayores oportunidades con Estados Unidos por nuestra vecindad y la integración que hemos venido logrando en materia económica. Pero yo no descarto ni mucho menos evitaría que volteáramos hacia otros hemisferios, hacia Asia, Europa. Aquí sí el papel del Estado es fundamental: no esperes que tus empresarios, que tus inversionistas, encuentren el camino solos. Creo que el Estado está en la obligación de explorar nuevos mercados. Hay que recoger la experiencia brasileña, el gobierno se encargó de inducir para que sus empresarios buscaran oportunidades en China y lograron que hoy China sea su principal socio comercial.
Santiago Creel: Yo creo que la respuesta ya la dio la realidad y muchas veces los políticos queremos andar torciendo las cosas. Bueno, la realidad: 90 por ciento del comercio lo tenemos con los Estados Unidos; 70 por ciento de la inversión extranjera es norteamericana, y si nos vamos al turismo es casi el 90 por ciento. Si vemos nada más la parte de frontera, tenemos que en todos los estados y ciudades fronterizos hay una cultura binacional, algo bicultural. O sea, más allá de lo que podamos decir nosotros, eso ya está. Entonces, la idea es sacarle mejor provecho a un proceso de integración: ordenar migración, comercio, seguridad, inversiones en infraestructura… Yo creo que todo eso a México le puede convenir enormemente
Marcelo Ebrard: Yo lo formularía de otro modo. Nuestra apuesta estratégica debe ser armar otra agenda con Estados Unidos mucho más efectiva y, desde luego, no descuidar la relación con los países de América Latina, no necesitas decir: “Bueno, ya no le voy a hacer caso a América Latina”. En América Latina hay que ver de cerca a Brasil y otras cosas, pero nuestra agenda estratégica, nuestro pivote económico es con Estados Unidos, hay que verlo así.
Hacia una nueva política de seguridad social
La política de seguridad social tenida en México durante los últimos 60 años está agotada. Hoy sólo brinda protección social a los que tienen un empleo, la mitad de los trabajadores, y se han inventado una serie de parches para los que no tienen empleo formal. Parece la hora de un cambio profundo en la materia. Un modelo es el planteado por Santiago Levy: establecer un sistema de seguridad social universal, es decir: para todos los mexicanos por el hecho de serlo, que se financiaría con un IVA generalizado etiquetado para financiar ese sistema. ¿Es factible, tiene sentido hacerlo?
Manlio Fabio Beltrones: Creo en el proyecto de Levy. Hemos pervertido la política social hasta caer en un asistencialismo puro que lo que busca no es resolver el problema de la pobreza, sino darle de comer a los pobres o mantener pobres a los pobres. Es la hora de cambiar nuestra idea. Deberíamos evitar los parches y hacer una vestimenta completa, y Santiago lo está mirando de forma integral.
La única forma de cobrar menos impuestos y obtener más recaudación es acabar con los privilegios. Y nosotros tenemos que ir a lo que es el impuesto generalizado, definitivamente cubriendo con Canasta Básica de Alimentos y con Cuadro Básico de Medicinas a los cuatro deciles menores que forman el 40 por ciento de los mexicanos. Y darle seguridad social, por el otro lado, con los ingresos extra que consigamos. Pero si seguimos en la ruta, en la ruta del Seguro Popular, noble, muy noble idea, pues lo único que estamos haciendo es financiando la informalidad. Cada vez es más fácil no estar en la formalidad.
Fernando Gómez Mont: Nosotros hemos estado tratando de construir un sistema, cuando menos de protección de servicios públicos de salud, que se dirige hacia allá, hacia la cobertura universal. Hay básicamente tres sistemas. El sistema de salud pública o de salud estatal a través del ISSSTE, a través de la Secretaría de Salud, y el sistema de seguridad social a través del IMSS, y este sistema medio híbrido que cohesiona los dos, el sistema del Seguro Popular. Pues si la meta es cobertura, ahí vamos. Si la meta es sincronía, consistencia interna, tendríamos que discutir si el sistema del Seguro Popular es la manera de hacerlo.
Yo he visto los estudios de Santiago Levy que señalan que es una manera de encarecer o distorsionar el acceso a la formalidad, pero eso implicaría que lo que tendríamos que universalizar es el Seguro Social. ¿Es necesario ir por ahí o no? Lo que tenemos es que se abarata el acceso a la informalidad. Ese es el dilema de lo que tenemos que hacer. Y eso implica discutir las barreras fiscales de entrada, discutir la posibilidad de generar economía desde la informalidad, y la capacidad de encarecer aquella informalidad.
Carlos Navarrete: Comparto plenamente que un sistema de seguridad social de cobertura total es imposible con los ingresos que los estados nacionales tienen, si no aplican el impuesto al consumo. Ésa es la salida que México requiere, una política de seguridad social para todos, garantizada con altos volúmenes de gasto público. ¿Y de dónde van a salir los recursos? Por supuesto que no de recortes presupuestales o de bajar salarios nada más, tiene que haber un ingreso sustancial. Es más, la política de ingreso en el mundo es quitarle a los que tienen vía impuestos, para darles a los que menos tienen, vía seguridad social, ésa es la política elemental en Europa y en todas partes. En México no tendría por qué ser diferente. Y estaría dispuesto a respaldar un impuesto al consumo incluso alto, si eso nos garantizara un traslado de recursos y un sistema de seguridad social para todos, seguro médico para todos, atención médica para todos, seguro de desempleo para todos, seguro de vejez para todos.
Enrique Peña Nieto: Estoy de acuerdo en la necesidad de postular un nuevo modelo de seguridad social. Estoy de acuerdo en emprender una reforma fiscal que asegure que todos paguen impuestos, que evitemos los regímenes especiales que lo único que provocan son hoyos en la recaudación. Debemos hacer una revisión de nuestro régimen fiscal que garantice al Estado mexicano suficientes recursos para generar estos beneficios. Si te das la oportunidad de llevar seguridad social para todos, habrá que buscar el mecanismo de financiación, y no hay otro que a través del mecanismo de impuestos, del pago de impuestos, si le evitas mecanismos de excepción.
Marcelo Ebrard: Yo estaría de acuerdo en que hay que hacer un sistema único. Es una tesis sensata. Pero la pregunta es cómo lo vas a financiar y a qué velocidad lo vas a financiar en términos reales. El impuesto al consumo tiene una ventaja y una desventaja mayor. La ventaja es que es fácil de aplicar. La gran desventaja es que con la distribución del ingreso que hay en México tendría un impacto regresivo inmenso. Eso no lo podemos pasar por alto. Para el 42 por ciento de la población que está debajo de cuatro salarios mínimos sí es un impacto relevante, sea que subas la tasa general o que quites las exenciones de alimentos y medicinas. Entonces, ese impacto regresivo me parece que no lo debiéramos asumir de entrada en la ruta.
Cabe aclarar que el modelo de Levy incluye una medida para quitar el aspecto regresivo del impuesto, que es devolver en efectivo una cantidad pareja a todos los mexicanos a los que les cobras el IVA. Al que le cobras 150 pesos, que es mucho de su ingreso, le devuelves 500 pesos, y al que le quitas cinco mil pesos porque tiene un ingreso mayor, le devuelves también 500 pesos. Entonces puedes, con una devolución de dinero en efectivo, emparejar el efecto regresivo.
Marcelo Ebrard: El objetivo de armar todo el sistema es que puedas corregir desigualdades bastante importantes, entonces si eso parte de una medida que tiene impactos regresivos, pues no habría que hacerlo por ahí, salvo que no te quedara de otra.
Santiago Creel: Debe hacerse porque atenúa la desigualdad, aunque no genere empleos ni propicie una distribución mejor, y porque es necesario que cualquier mexicano pueda tener un seguro de gastos médicos, un seguro de desempleo, un seguro que le permita, cuando él fallezca, tener cierta garantía de que su familia pueda contar con los recursos iniciales para salir adelante. Pero sobre todo porque los programas sociales, desde el viejo programa de Solidaridad, con Salinas, no han avanzado en el combate a la pobreza, ni los resultados han sido aceptables. Entonces, tenemos que repensar muy bien qué estamos haciendo en política social, en combate a la pobreza, en generación de riqueza, y por eso yo creo que un sistema de cobertura universal en materia de protección social es lo que necesita el país.

La reforma política que necesita el país
Están en el aire una serie de propuestas de reforma política que las distintas fuerzas han enviado al Congreso: segunda vuelta presidencial, reelección de diputados y senadores, referéndum para cambios constitucionales, candidaturas independientes, suprimir la cláusula de sobrerrepresentación que la limita al 8 por ciento, introducir la cláusula de gobernabilidad que da mayoría automática para un partido de 35 para arriba, reelección de presidentes municipales y ratificación de secretarios por el Congreso o ratificación de gabinete por el Congreso. ¿Cuál es su opinión sobre estas propuestas de reforma?
Manlio Fabio Beltrones: No estoy de acuerdo con la segunda vuelta presidencial. En cambio, me parecen adecuadas las propuestas sobre reelección de diputados y senadores, así como el referéndum para cambios constitucionales. Estoy totalmente de acuerdo con las candidaturas independientes, porque el régimen de partidos que hoy tenemos es demasiado ordenado, demasiado puro.
No comparto la idea de suprimir la cláusula de sobrerrepresentación, pero estoy a favor de introducir una cláusula de gobernabilidad de manera pactada: la cláusula de gobernabilidad lo que invita es a pensar que un partido que no logró el 50 por ciento de la votación puede tener, incluso, una posibilidad de alcanzar la mayoría. Una mayoría precisa, no una sobrerrepresentación exagerada.
No me gusta la reelección de presidentes municipales. Finalmente, estoy en pro de la ratificación de secretarios del gabinete por el Congreso. Es algo que se puede pactar, y muy bien. Hay secretarios que ameritan pasar por un control de calidad, porque están jugando con el destino de los mexicanos. No puede ser que sigamos en los gobiernos de cuates, de cuotas y de ocurrencias. Lo que necesitamos es modernizar nuestras instituciones. Yo no creo que los gobiernos sean buenos sólo porque son muy expertos o porque tienen muchas facultades personales. Las instituciones son las que hacen los buenos gobiernos.
Fernando Gómez Mont: Estoy a favor de la segunda vuelta presidencial, la reelección de diputados y senadores, las candidaturas independientes, la reelección de presidentes municipales y el referéndum para cambios constitucionales, aunque este último vinculado con la iniciativa preferente. Habría que pensar en suprimir la cláusula de sobrerrepresentación: no está mal la propuesta de encontrar caminos que faciliten la construcción de mayorías en el Congreso, tanto en la segunda vuelta como quitando la sobrerrepresentación.
En cuanto a introducir la cláusula de gobernabilidad que da mayoría automática a un partido, hay que analizar que no tenga un efecto contraproducente. Muchas veces puedes tener gobernabilidad con la elección presidencial y perderla en la elección intermedia.
Me gusta la idea de ratificar a algunos de los secretarios, al de Gobernación, por ejemplo, pero no sería conveniente generar esquemas muy rígidos de ratificación de gabinete porque eso cerraría espacios de oportunidades para algunos. ¿Cómo renovaríamos la administración pública? ¿Quién diría quién llega y quién no?
Carlos Navarrete: La segunda vuelta presidencial puede ayudar a que el presidente tenga legitimidad, pero no garantiza la construcción de mayorías legislativas. Aunque mi partido no camparte la reelección de diputados y senadores, yo creo que debemos abrirla: una reelección acotada, quizá un periodo más para los senadores y dos periodos más para los diputados, ayudaría. No me gusta la figura del referéndum para cambios constitucionales, habría que buscar otros métodos. En cambio, las candidaturas independientes oxigenarían la vida de México. Los partidos deben dejar de poseer el monopolio de la participación política. Esas candidaturas serían un incentivo para que los partidos dejen de cometer tantas barbaridades.
En cuanto a la cláusula de sobrerrepresentación, me parece una deformación: preferiría un sistema de representación más puro, en donde los votos se asemejen a la fuerza que cada partido tenga en el Congreso. Tampoco creo en la cláusula de gobernabilidad con afirmativa ficta: no me gusta la legislación con sello de recibido y en automático. Sin embargo, hay que darle posibilidades al presidente para que posea iniciativas preferentes. ¿Reelección de presidentes municipales? Me inclino por ampliar el periodo de gobierno a cuatro años porque no creo que con los instrumentos que tiene un presidente municipal se le abra la posibilidad de reelegirse: hay demasiados programas, demasiados servicios que prestar.
La ratificación del gabinete sería muy saludable: el presidente debe tener la seguridad de negociar de manera estable con las fuerzas parlamentarias y la ratificación sería un instrumento que obligaría a su gobierno a mantener un ejercicio de diálogo y acuerdo.
Enrique Peña Nieto: Para la construcción de mayorías hay mejores mecanismos que la segunda vuelta presidencial. Uno de ellos es la construcción de alianzas que más tarde puedan generar alianzas legislativas. No creo en la reelección de diputados y senadores, pero si eso da la posibilidad de construir acuerdos y alcanzar consensos, deberíamos ir. Bajo una condición: no hacerle un traje a la medida a los actuales legisladores. Abrir la posibilidad de probar la reelección pero con la siguiente legislatura.
Tengo serias reservas sobre el referéndum: me gusta como mecanismo de consulta pero no como una forma de suplir las funciones legislativas. No se puede quitar responsabilidad al Legislativo para luego implantar medidas populistas que invariablemente conducen al autoritarismo. Estoy de acuerdo con las candidaturas independientes si hay una clara regulación que no pulverice el régimen de partidos, que es la base del régimen democrático. Por otro lado, estoy a favor de suprimir la cláusula de sobrerrepresentación: que la Cámara refleje la pluralidad política, pero también favorezca la construcción de una mayoría que dé posibilidad a quien tiene la responsabilidad de emprender políticas públicas para marcar horizontes en el país. En cuanto a la cláusula de gobernabilidad estoy de acuerdo, pero sin la afirmativa ficta: no puedes suponer que una iniciativa tenga validez sólo porque el Congreso decida o no legislar sobre la materia. Prefiero la iniciativa preferente.
Me considero antirreeleccionista, así que prefiero ampliar a cuatro años el periodo de los presidentes municipales. Tres años son insuficientes.
No le veo sentido a la ratificación del gabinete. ¿Si el Congreso o alguna de las Cámaras ratifican a un funcionario te garantiza que será eficiente? El Ejecutivo debe ser responsable de sus políticas. La ratificación sólo obliga a construir acuerdos, quién sabe a qué costo y qué tan alto.
Marcelo Ebrard: No creo en la segunda vuelta presidencial ni en la reelección de diputados y senadores. Tampoco en la reelección de presidentes municipales: ¿por qué reelegir a los legisladores y a los presidentes municipales y no al Ejecutivo? Esto nos llevaría a más contradicciones en el sistema. Estoy de acuerdo con el referéndum y las candidaturas independientes. No comparto la idea de suprimir la cláusula de sobrerrepresentación e introducir la cláusula de gobernabilidad me parece la peor manera de definir una mayoría.
Nuestro sistema presidencialista descansa en una lógica de mayoría casi bipartidista. En ese sentido, nadie va a tener la mayoría absoluta. ¿Cómo lo resolvemos? Haciendo posible los gobiernos de coalición y que éstos sean ratificados por el Congreso. En el caso del gobierno, tendría que ser ratificado en su conjunto y no de uno por uno.
Santiago Creel: Sí a la segunda vuelta presidencial, siempre y cuando resulte en una mayoría estable. Y por supuesto, sí al referéndum para cambios constitucionales: requerimos este tipo de discusiones, que puedan opinar padres de familia, maestros, académicos, estudiosos, médicos. La reelección de diputados y senadores me parece la mejor manera de profesionalizar y de fortalecer el vínculo entre representante y representado. Las candidaturas independientes oxigenan el sistema de partidos: de esta manera los partidos tendrán mejores mecanismos internos de selección.
Más que suprimir la cláusula de sobrerrepresentación, me gustaría tener gobiernos de coalición porque así se respeta la pluralidad y la opinión de la mayoría. Con un gobierno de coalición no sería necesaria tampoco la cláusula de gobernabilidad: no habría que darle al Ejecutivo un mecanismo de esa naturaleza.
No creo que un presidente municipal pueda hacer algo realmente trascendente en tres años. El primero está llegando, el segundo ya aprende y el tercero ya se va. No hay tiempo. Y tampoco es una cuestión de alargar el periodo. Creo que lo importante, y esto es de fondo democrático, es que el ciudadano decida las cosas: si el presidente se queda o se va. Es la mejor manera de rendir cuentas.
Sobre la ratificación del gabinete por el Congreso diría: en un gobierno de coalición sí; si no, no
Pronósticos del 2012
¿Quién ganará la elección presidencial de 2012?
Manlio Fabio Beltrones: Si el día de hoy fuera el 2012, el PRI. Pero que nadie crea que ya ganó, ni nadie se sienta que ya perdió. Es importante que la política la actualicemos día a día. En segundo lugar el PAN. En tercero el PRD.
Fernando Gómez Mont: Deseo que quede un partido que tenga un compromiso de centro. Sigo creyendo que Acción Nacional puede seguir administrando este discurso de modernización y de modernidad, aunque creo que se le está complicando el relevo generacional. Veo en primer lugar al PAN, en segundo al PRI y en tercero a la izquierda.
Carlos Navarrete: Si la izquierda sigue cometiendo errores, le vamos a pavimentar el camino al PRI para que regrese a gobernar. Si la izquierda corrige, y creo que estamos apenas a tiempo, podríamos ser competitivos. En todo caso, mando al PAN al tercer lugar.
Enrique Peña Nieto: Definitivamente, creo que el PRI se ha reposicionado, se ha revalorado y estoy convencido de que el PRI será el ganador. Y siguiendo lo que hoy muestran varias encuestas, PAN quedaría en segundo lugar y el PRD en tercero.
Marcelo Ebrard: Si hacemos una buena coalición de izquierda podemos quedar en primer lugar. Si hay desunión, si hay conflicto, bueno, para qué te cuento. Debemos tener una sola candidatura, una sola idea, un solo programa. En segundo lugar, simplemente por el peso relativo del número de estados es muy probable que quede el PRI, y en tercer lugar el PAN.
Santiago Creel: En primer lugar, el PAN. En segundo, un candidato aliancista, una alianza de izquierda seguramente. Y en tercero el PRI.
Héctor Aguilar Camín
Jorge G. Castañeda
* Al cierre de esta edición, Fernando Gómez Mont dejó su cargo como secretario de Gobernación. Sin embargo, decidimos mantener su presencia en este debate porque sus posiciones representan a una amplia franja de pensamiento dentro de su partido.
- La seguridad y el Estado
- Estados Unidos y la legalización de la marihuana
- Los obstáculos del crecimiento
- Qué hacer con los monopolios de Estado
- Frente a los monopolios privados
- Ante el poder sindical
- ¿América del Norte o América Latina?
- Hacia una nueva política de seguridad social
- La reforma política que necesita el país
- Pronósticos del 2012













