Héctor Aguilar Camín

Héctor Aguilar Camín

Mientras pasa la historia

Día con día

“El silencio de Los Pinos”, según María Amparo Casar

diciembre 3, 2015

Tiempo de lectura Lectura: 2 minutos

Los sonidos del silencio» tituló María Amparo Casar su ensayo sobre el tema central de la revista Nexos de diciembre: «El silencio de Los Pinos».

Empieza por recordar que la calidad de una democracia ha de medirse por sus fortalezas deliberativas, por su capacidad no solo de llevar al gobierno a las mayorías, sino de establecer en el ágora un debate continuo, deliberado y transparente sobre los asuntos públicos y las decisiones del gobierno.

La calidad deliberativa de la democracia mexicana es cercana a cero. Su fortaleza electoral es alta, pero su conversación pública deja mucho que desear.

Deliberar, dice Casar, «es confrontar ideas, posiciones, posturas y argumentos; entablar conversaciones con el fin de convencer o ser convencido».

Nadie niega, sigue Casar, que los gobernantes electos tienen el derecho y aún obligación de decidir. Para eso fueron electos. Pero eso no los exime de dar explicaciones ni los autoriza a guardar silencio.

En una democracia se espera que los gobernantes expliquen «el porqué de sus decisiones, concuerden o no con las preferencias expresadas por grupos organizados de la sociedad».

Y es aquí, dice Casar, «donde más se nota el silencio»: el silencio deliberativo de la democracia mexicana:

Para los políticos electos de México, la democracia parece estar atrás, en el momento en que fueron elegidos. Una vez que han ganado el voto, no quieren ganar también la discusión, salvo para la elección siguiente. No creen en la democracia deliberativa. Solo en la democracia electoral.

La pluralidad vigente de la democracia mexicana debería obligarlos a deliberar, dice Casar. Pero lo que ocurre en realidad «es que intercambian bienes más que ideas y opiniones».

Nuestra democracia ha creado una clase política que negocia sus intereses más que los asuntos públicos. La consecuencia del silencio no es menor, advierte Casar:

«Un gobierno que guarda silencio dice con su silencio muchas cosas. Dice que no le importa lo que piensan sus gobernados. Dice que habiendo llegado al poder se siente merecedor de tomar sus decisiones sin más trámite que el de tomarlas. Dice que no se siente obligado a explicarse frente a los ciudadanos. Dice, al final, que se sabe impune y que no tiene que rendir cuentas».

(Mañana: «El silencio de Los Pinos», según Alejandra Moreno Toscano)

hector.aguilarcamin@milenio.com

Publicado originalmente en Milenio.

 


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