‘Narcos’. Ficción y realidad III
Un cuasi monopolio es lo que Félix Gallardo había construido en los 80, manteniendo en línea a sus socios, agremiando competidores, ofreciendo a la autoridad pactos de seguridad pública que podía cumplir.
Un cuasi monopolio es lo que Félix Gallardo había construido en los 80, manteniendo en línea a sus socios, agremiando competidores, ofreciendo a la autoridad pactos de seguridad pública que podía cumplir.
He disfrutado muchas cosas de la segunda temporada de Narcos México: la calidad del guión, la fuerza de actores y actrices, la verosimilitud de los diálogos, el rigor histórico y visual de la producción, su impecable toque de época.
Narcos, de Netflix, es quizá lo mejor que se ha filmado sobre el narco real, porque no inventa mucho y es claro que se equivoca donde inventa.
En primer lugar, el envío de dinero ilegal a las campañas políticas. En segundo lugar, la compra fraudulenta de bienes y servicios con dinero público. En tercer lugar, la toma de sobornos para enriquecimiento personal.
Poco a poco se dibuja lo que podría ser una batida histórica contra la corrupción, un efectivo antes y después en la materia.
Pesimismo y repetición se asocian al final de su argumento con la sordera del gobierno frente a la crítica, ya que esta no lo mueve un ápice de sus políticas, por erróneas que sean.
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