La rapiña de Acapulco
La rapiña de Acapulco no fue popular, fue profesional. Fue espontánea en parte. Las escenas que vimos de gente saqueando, tenían un lado de necesidad y desesperación.
La rapiña de Acapulco no fue popular, fue profesional. Fue espontánea en parte. Las escenas que vimos de gente saqueando, tenían un lado de necesidad y desesperación.
La destrucción dejada por Otis en Acapulco ha sido calculada por Fitch y Moody’s en 15 mil y 16 millones de dólares, unos 270 mil millones de pesos.
La devastación de Acapulco por Otis es una desgracia mexicana. Pero la ola climática que engendró a Otis es una pesadilla mundial que el planeta mal sueña cada día.
Antes de Otis, Acapulco ya era la décima ciudad más violenta del mundo: 66 homicidios diarios. Estaba drenada por el crimen en todas sus variedades, especialmente en la de sus gobiernos locales: complicidad, impotencia, y las dos.
Parte de la tragedia de Acapulco después de Otis son los números que hay en la cabeza de los gobernantes.
El gobierno calló los peligros de Otis. No dijo lo que sabía, no advirtió a la gente, no indujo la alerta en los medios.
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