Fue La Ley
Del sainete político neolonés no quiero comentar el desorden sino que se ordenó. No quiero hablar de los políticos querellados, empezando por el gobernador Samuel García, sino del factor que despejó sus querellas.
Ese factor fue La Ley.
Del sainete político neolonés no quiero comentar el desorden sino que se ordenó. No quiero hablar de los políticos querellados, empezando por el gobernador Samuel García, sino del factor que despejó sus querellas.
Ese factor fue La Ley.
Me he vuelto lector tardío de Robert Caro, biógrafo de dos personajes en cuyas vidas pueden leerse dos historias centrales de los Estados Unidos del siglo XX.
Dirán lo que quieran de Kissinger pero no que dejó de pensar: se murió con las neuronas puestas. En mayo pasado, a una semana de que cumpliera cien años, su entrevistador de The Economist lo vio lento y jorobado pero con la cabeza como una aguja.
Un costo inesperado de la prometedora convergencia política entre el gobierno federal y el de Ciudad de México fue la gestión del covid.
La convergencia política del gobierno federal y el de Ciudad de México a partir de 2018 debió ser una ventaja para la ciudad capital.
“Fuera de México todo es Cuautitlán”, se decía inquinosamente hace algún tiempo para marcar la distancia que había entre el desarrollo y la calidad de vida de la Ciudad de México y los del resto de la República, eso que extrañamente se llamaba, y se sigue llamando, “El Interior”.
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