Ciudad de México, 1959
Los hechos son los hechos, pero las emociones tienen sus propios fueros de conocimiento, empiezan y terminan donde quieren, crean sentido, establecen momentos fundadores.
Los hechos son los hechos, pero las emociones tienen sus propios fueros de conocimiento, empiezan y terminan donde quieren, crean sentido, establecen momentos fundadores.
Si los libros de Pérez Gay fuesen ciudades, estarían llenas de puentes ocultos, plazas diáfanas donde sentarse a conversar y rincones secretos, encantadores unos, vecinos del infierno otros. La atmósfera de sus libros es el de una misteriosa claridad contra el crepúsculo de un incendio.
¿Cómo pudo estar Bernal en todo eso sin que haya quedado huella de su presencia en otro lado que no sea en su crónica y en algunos avaros testimonios y documentos que dan fe de su paso por aquí y por allá?
El historiador y arqueólogo Christian Duverger ha planteado en un libro reciente, Crónica de la eternidad, que el autor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España no es Bernal Díaz del Castillo sino Hernán Cortés.
El primer fantasma se llama A., es un historiador. Lo guían la razón y la realidad. El segundo fantasma se llama C., es un escritor. Lo guían la invención y el desvarío. A. y C. cavilan sobre el misterio de un tercer fantasma, a quien llaman H., cuya extraña y disuelta juventud pueden y no pueden recordar.
Escribe tu correo electrónico para recibir
las últimas actualizaciones y sugerencias de lectura.